¿Cómo fomentar la resiliencia en los equipos y navegar el cambio con confianza?
Javier, un líder experimentado al frente de una empresa tecnológica exitosa, comienza a sentir los efectos de un mercado cambiante y una creciente incertidumbre. La compañía ha decidido dar un giro estratégico, implementando nuevas tecnologías y un modelo de negocio distinto. Sin embargo, este proceso de transformación ha generado resistencias dentro del equipo, que teme a lo desconocido y a la posibilidad de equivocarse, se aferra a la manera cómo venían haciendo las cosas y duda sobre el futuro de sus roles. Javier sabe que su capacidad para guiar a su equipo a través de este momento crucial determinará el éxito o el fracaso de la transición.
El desafío es claro: ¿cómo fomentar la resiliencia individual y colectiva para que cada miembro del equipo no solo se adapte a este cambio, sino que los afronte siempre como una oportunidad para crecer y mejorar? En un contexto tan dinámico, los líderes deben ser catalizadores, facilitando que su equipo navegue el cambio con confianza y determinación. En este proceso, no solo deben inspirar, sino también proporcionar las herramientas adecuadas para la adaptación, cultivando un ambiente donde cada individuo y el equipo en su conjunto puedan prosperar ante los desafíos.
El factor clave: resiliencia como respuesta al cambio
La vida está llena de retos. Estos pueden manifestarse de diversas formas, como una carga excesiva de trabajo, errores o fracasos, sorpresas inesperadas y no deseadas, situaciones financieras complicadas, pérdidas o cualquier circunstancia que se escapa de nuestro control. Lo que suele ser distinto entre las personas es cómo enfrentan esas situaciones.
Como describió muy bien Roger Connors en su libro “El Principio de OZ”
Cuando te encuentras frente a una situación que desafía tus recursos, tienes 2 caminos posibles: el de la frustración, negación, victimización; o pararte y seguir adelante.
¿De qué depende el camino que elijamos? En mi experiencia, esto depende, en gran medida, de nuestra apertura al aprendizaje constante y nuestra disposición a ver los retos como oportunidades para crecer y prosperar, no a pesar de ellos, sino gracias a ellos. En otras palabras, depende de nuestra resiliencia.
Este es un término adoptado de la física que se utiliza en esa disciplina para describir la capacidad de un cuerpo para recuperar su estado o posición original, habiendo atravesado por fuerzas que tienden a deformarlo. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva como la capacidad que tenemos de “rebotar” fortalecidos.
En la actualidad, en un contexto donde conceptos como "fatiga por cambio" se utilizan para describir el impacto que el acelerado ritmo de los cambios tiene en las personas, los líderes exitosos no son solo aquellos que asumen la responsabilidad de dirigir las iniciativas de gestión del cambio impulsadas por la empresa, sino también los que saben cómo cultivar la resiliencia en sus equipos, habilitando de manera sostenible a sus colaboradores para enfrentar tanto los desafíos actuales como los futuros.
Quien quiera desarrollar la resiliencia en sus equipos debe dominar el arte de promover el aprendizaje y la adaptabilidad, individual y colectivamente. ¿Esto qué significa?
Las personas y equipos resilientes:
- Aceptan sus limitaciones.
- Reflexionan sobre experiencias difíciles y comparten lecciones aprendidas.
- Aprenden de sus errores y fracasos.
Esto quiere decir que para que los líderes promuevan una organización resiliente, deben reconocer la importancia de la apertura emocional como una fortaleza. Al crear una cultura que celebre la seguridad psicológica, los líderes pueden construir equipos más fuertes y adaptables, capaces de enfrentar y superar los desafíos de manera efectiva.
Hacer las paces con los errores
Una de las claves para fomentar la apertura al aprendizaje y las características de un equipo resiliente es hacer las paces con los errores. En el entorno laboral, un error suele reflejar una desviación del camino correcto, y por esta razón, muchas organizaciones han desarrollado una cultura que promueve el temor a equivocarse. Esta mentalidad puede hacer que los colaboradores eviten asumir riesgos o no compartan sus experiencias de error. Sin embargo, como señala Amy Edmondson, en entornos complejos como los actuales, donde prevalece la incertidumbre, las fallas son más comunes, ya que es más probable que los equipos tomen decisiones basadas en suposiciones o información incompleta. Esta actitud puede restringir la resiliencia y el crecimiento, dado que aprender de los errores es un componente esencial de este proceso.
Es importante tener en cuenta, al promover una cultura de aprendizaje, que si bien todos los errores deben generar aprendizajes, existen errores que son reprobables, como aquellos
que ocurren por falta de diligencia, negligencia o incumplimiento de normas claras, y que deben ser abordados de manera seria. Sin embargo, hay errores que son loables, en especial aquellos que surgen en entornos complejos, donde la incertidumbre y la ambigüedad son inherentes a la toma de decisiones. En estos casos, los errores deben verse como una oportunidad para aprender y mejorar. No se trata de premiar los errores ni de romantizarlos, sino de reconocer que, en ciertos contextos, son parte natural del proceso de adaptación y crecimiento e importantes para desarrollar la resiliencia.
La misma Amy Edmondson llevó a cabo un estudio en un hospital para analizar la relación entre los errores médicos y los indicadores de seguridad del paciente. Su investigación reveló que los equipos con mejores indicadores eran los equipos con mayor cantidad de errores reportados, no porque cometieran más equivocaciones, sino porque se sentían seguros al informarlos y esta transparencia permitía una mejor identificación y corrección de problemas, fomentando una mejora continua en las prácticas de atención al paciente.
En el libro “Política Educativa en Japón: Construyendo Puentes hacia 2030” los autores Beatriz Pont, Pierre Gouëdard y Graham Donaldson cuentan cómo en el sistema educativo japonés la norma es llevar a cabo discusiones extensas sobre los errores, incluyendo las razones detrás de ellos. Analizan el camino y las razones que llevan a la respuesta correcta, fomentando enfoques exploratorios entre los estudiantes. El enfoque japonés de aprendizaje activo refleja bien las ideas fundamentales de aprender de los errores. Enfrentarse a ellos puede ser difícil, pero esa dificultad puede ser deseable para la resiliencia. Comparado con enfoques que enfatizan la evitación de errores, generar espacios en los que se
puedan compartir seguidos de retroalimentación, discusión y corrección puede, en última instancia, conducir a una mejor y más flexible transferencia de habilidades a situaciones críticas posteriores (resiliencia).
Seres imperfectos
Atrevernos como líderes a mostrarnos imperfectos es un importante paso para poder hacer las paces con los errores, fomentar la apertura al aprendizaje constante y desarrollar resiliencia. ¿Qué tan imperfecto puedes mostrarte con tu equipo?
¿Cuándo fue la última vez que compartiste un error con tu equipo?
¿Cuándo fue la última vez que te sentiste abrumado y pediste ayuda?
¿Cuándo fue la última vez que reconociste no entender algo en una reunión?
¿Cuándo fue la última vez que buscaste feedback difícil?
¿Cuándo fue la última vez que te diste permiso para no tener todas las respuestas?
La transformación que Javier enfrenta con su equipo no es solo una cuestión de adoptar nuevas tecnologías o cambiar el modelo de negocio. Es una oportunidad para fortalecer la resiliencia del equipo, promoviendo una cultura donde los errores se vean como peldaños hacia el crecimiento. Los líderes que logran hacer las paces con los errores y fomentan la seguridad psicológica dentro de sus equipos pueden crear espacios donde el aprendizaje constante se convierte en una herramienta poderosa para la adaptación.
En lugar de temer el cambio, los equipos pueden aprender a navegarlo con confianza y con la seguridad de que los desafíos no
son obstáculos insuperables, sino oportunidades para mejorar, crecer y fortalecer los lazos dentro del equipo:
- Fomenta la apertura emocional: Reconoce la importancia de mostrar vulnerabilidad y ser transparente con tu equipo. Cuando compartes tus propios errores, no solo humanizas tu liderazgo, sino que también creas un espacio donde el aprendizaje y la adaptación son bienvenidos.
- Crea una cultura de seguridad psicológica: Anima a tu equipo a expresar sus dudas, inquietudes y errores sin temor a represalias. La transparencia en los errores permite un análisis profundo que conduce a la mejora continua.
- Promueve la reflexión y el aprendizaje constante: Incorpora espacios de reflexión donde los errores y fracasos se compartan y se analicen en busca de lecciones. Fomentar un enfoque de aprendizaje activo permite que el equipo se adapte rápidamente a los cambios.
- Ofrece apoyo y acompañamiento: Estar disponible para apoyar a tu equipo cuando enfrente desafíos, tanto personales como profesionales, es crucial. El acompañamiento constante es una herramienta poderosa para desarrollar la resiliencia colectiva.
¿Te gustaría desarrollar equipos resilientes y adaptables? Escríbenos, ¡podemos ayudarte!